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27 febrero 2018

Por qué hay chicos que ya tienen problemas para sostener lápices y lapiceras


Paula Galinsky
El Clarin

Los adultos viven pegados a sus smartphones y sus hijos, que tienden a imitarlos, acceden a ellos desde muy temprana edad. Causa asombro y en algunos casos ternura ver a nenes que todavía no caminan sacando una selfie o reconociendo que, con tocar una parte de la pantalla, pueden hacer que suene una canción o que arranque un video. Sin embargo, esta práctica, que parece inofensiva, en exceso y desde la infancia, puede tener consecuencias negativas. Así lo confirman especialistas ingleses, que advierten que por ciertos hábitos tecnológicos los chicos no llegan a desarrollar los músculos de sus dedos y, por esto, no logran sostener el lápiz como corresponde cuando tienen que aprender a escribir.
“Los niños no ingresan a la escuela con la fuerza y la destreza que tenían hace 10 años”, dice al diario británico The Guardian Sally Payne, terapista ocupacional pediátrica en el NHS Trust de la Fundación Heart of England. Según la experta británica, entre los alumnos que entran al colegio cada vez son menos los que logran agarrar un lápiz correctamente. Y esto tiene que ver con que no cuentan con "las habilidades de movimiento fundamentales".
Payne relaciona las dificultades en la escritura a mano que experimentan los chicos de primaria con un cambio en la naturaleza de lo lúdico. “Es más fácil darle a un niño un iPad que incentivarlo a realizar juegos que formen musculatura como construir bloques, cortar o pegar. A causa de esto, no desarrollan las habilidades de base que necesitan para tomar y sostener un lápiz”, agrega. Y aclara que, para lograr un control fuerte de la musculatura, los niños necesitan "muchas oportunidades", es decir, tiempo para desarrollarlo.
En diálogo con el mismo medio, Karin Bishop, directora adjunta del Colegio Real de Terapistas Ocupacionales, admite que están preocupados por este tema. “Es innegable que la tecnología ha modificado el mundo en el que crecen nuestros hijos. Mientras que su uso tiene muchos aspectos positivos, cada vez hay más evidencia del impacto de los estilos de vida más sedentarios y de la creciente interacción social virtual", afirma Bishop e insiste en que los niños "pasan más tiempo adentro y conectados y menos participando físicamente en ocupaciones activas”.
“La diferencia entre el ser humano y otros animales, como los monos, es que nosotros podemos oponer el pulgar. Es decir, unir la yema del dedo gordo con las del resto. Eso es clave para escribir a mano y es una capacidad que se desarrolla principalmente durante los primeros cinco años de vida”, explica a ClarínNorberto Furman, doctor en Kinesiología y Fisiatría, quien reconoce que la falta de práctica en la infancia puede afectar la motricidad fina en los chicos. “La función hace al órgano. Si no usás un músculo es probable que se atrofie”, remarca.
Para el neurólogo Alejandro Andersson, director del INBA (Instituto de Neurología Buenos Aires) “es lógico que la modificación en los hábitos, vinculada a la utilización de la tecnología desde temprana edad, derive en mayores complicaciones en la motricidad fina”.

“Antes el nene hacía manualidades: cortaba papelitos, los pegaba y dibujaba. Hoy los chicos pasan la mayor cantidad del tiempo con el celular o la tablet. No se puede pretender que tengan la fuerza y la precisión necesaria para agarrar un lápiz. Estar más cerca del mundo virtual que del real los lleva a eso”, dice a ClarínAndersson.
Y agrega: “La escritura es necesaria para el desarrollo del cerebro pero eso no quiere decir que en el futuro se siga usando el lápiz. No es el primer cambio de este tipo: cuando apareció la calculadora se dejaron de hacer manualmente algunas operaciones. Además, antes ejercitábamos más la memoria recordando, por ejemplo, los teléfonos fijos de nuestros conocidos. En la actualidad, eso ya no ocurre”.
El biólogo Federico Prada, que es director de la licenciatura en Biotecnología de la Fundación UADE, aclara que este problema no va a repercutir directamente en las próximas generaciones.
“Es un error creer que la especie humana está perdiendo o va a perder la capacidad de escritura, no hay que entrar en pánico. Los hijos de los millennials, que hoy no están desarrollando esta capacidad muscular, no van a nacer con una disminución de esa destreza", explica Prada a este diario y resalta que "las características que se adquieren a lo largo de la vida no se transmiten de una generación a la siguiente, no se heredan”.

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