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01 abril 2018

La ciudad ignorada del Amazonas que cambia la historia oficial



El Confidencial
La tierra siempre es el mejor guardián de los secretos de la humanidad. Durante años, los arqueólogos e historiadores han investigado en busca de signos o pistas de antiguas civilizaciones que pisaron el suelo por el que nosotros caminamos hoy en día. Al otro lado del océano, en las profundidades silvestres de la selva amazónica, un grupo de científicos exploradores ha hallado recientemente 81 movimientos de tierras nunca vistos que dan pie a pensar en una civilización compleja en la que habitaron hasta un millón de personas.

Los arqueólogos se toparon con pruebas de lo que parecen ser ruinas de pueblos fortificados, carreteras, plazas y granjas, según informa la revista 'Nature Commons'. Los antiguos asentamientos se descubrieron utilizando imágenes vía satélite y un lidar, un tipo de radar montado en un avión de vuelo bajo. Una vez acotado el lugar, los investigadores verificaron los hallazgos sobre el terreno.

“Estos sitios fueron asentamientos fortificados que tuvieron una gran densidad de población”

Englobadas en la región brasileña de Monte Grasso, las 24 excavaciones exhumaron una serie compleja de redes viales interconectadas, granjas y grandes pueblos fortificados construidos sobre montículos, en los que había zanjas defensivas, calzadas y plazas, según asegura 'Business Insider'. El lugar, geográficamente hablando, es cuando menos curioso, ya que se encuentra en el extremo sur del Amazonas, donde la selva tropical da paso a la sabana más seca. Algunos de los geoglifos, como los especialistas llaman a las zonas circulares talladas sobre la tierra, tenían hasta 400 metros de diámetro.

Este descubrimiento es todavía más revolucionario si pensamos que dicho asentamiento data de los tiempos precolombinos, entre los años 1250 y 1500, antes de la llegada de los europeos a las Américas, cuando una de las selvas tropicales más extensas del mundo estaba repleta de personas que transformaron los bosques a su alrededor. "Francisco Nakara, un gerente jubilado de Sao Paulo que estudia fotos de los satélites 'online' de forma vocacional, detectó por primera vez las huellas de movimientos de tierras circulares", relata Jonas Gregorio de Souza, el autor principal de la investigación de 'Nature Commons'. "Es probable que muchos de estos sitios fueran asentamientos fortificados que tuvieron una gran densidad de población", añadió.



Durante su apogeo, el sitio pudo haber albergado a muchísima población, hasta un millón de personas. La mayoría de ellas posiblemente sucumbió a las enfermedades traídas por los exploradores europeos esclavistas, mientras que el bosque recuperó sus casas, caminos y plazas, según recoge 'The Wall Street Journal'. "Muchas partes de la América precolombina ahora se consideran bosques vírgenes que son jardines realmente abandonados", reconoce Christopher Fisher, arqueólogo de la Universidad Estatal de Colorado, quien se sirve de un radar láser para explorar América Central. "Cuando estás a ras de suelo, no puedes ver el paisaje en toda su extensión. Necesitas verlo desde el aire".

Si bien los investigadores no pueden aclarar que estas civilizaciones se unieran bajo un estado o entidad política común, los autores del estudio afirman que es del todo probable que hablaran los idiomas 'Arawak' (una lengua compartida durante miles de años por los grupos de indígenas de la época) y tuvieran prácticas culturales en común.

“El bosque es un entorno que se modifica a sí mismo con el paso del tiempo

A este hallazgo se suma otro descubierto el año pasado por un grupo de investigadores internacionales dirigidos por Jennifer Watling, del Museo de Arqueología y Etnografía de la Universidad de Sao Paulo. Un total de 445 excavaciones distribuidas en 400 kilómetros cuadrados en el vecino estado brasileño de Acre apoyan la teoría de Monte Grosso, que subvierte la narración oficial sobre estas civilizaciones tropicales, en su mayoría una visión occidentalizada de las culturas precolombinas.


Mientras, en la parte alta del río Xingu, en la cuenca amazónica, el doctor Heckenberger y sus compañeros arqueólogos hallaron restos de amplias carreteras y docenas de pueblos fortificados. Todos estos grandes hallazgos han estado enterrados en el dosel selvático hasta que la deforestación moderna comenzó a talar árboles. Tales intromisiones humanas afectan a los bosques hoy en día, alterando los patrones de crecimiento y la mezcla de especies arbóreas, apuntan en 'The Wall Street Journal'. Esto, a su vez, puede afectar y dificultar los análisis de los científicos sobre el dióxido de carbono absorbido por la selva amazónica cada año.

La selva amazónica, una vez considerada como virgen antes de la colonización europea, excepto por pequeños grupos de cazadores y recolectores, podría haber sido centro de un tipo de agricultura sostenible a gran escala que influye en el crecimiento del bosque hasta el día de hoy. "El bosque es un entorno que se modifica a sí mismo con el paso del tiempo", asegura Souza a 'The Washington Post'. "El tipo de práctica que estamos viendo hoy en día no tiene nada que ver con el monocultivo a gran escala.Estas personas combinaban la agricultura en pequeña escala con la gestión de especies de árboles útiles. Por lo tanto, todo ello comportaba un uso de la tierra más sostenible", concluyó.

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